Cerrar 26/02/19

Fuera del Juego – Crítica de Suset Sanchez

Review

Estremecedora, vibrante y absolutamente empática anoche la presentación de la pieza teatral “Fuera de Juego” en el estudio de Dagoberto Rodríguez. Una puesta en escena mínima pero muy cuidada, en un ambiente íntimo y cercano. El texto, con matices, desde el momento cero repara en su naturaleza metatextual y en su condición ficcional, acotando el género documental para advertir al espectador sobre el carácter del espectáculo que está presenciando, una recreación de los sucesos y estados mentales que rodearon al “Caso Padilla”. Lo más impactante la demoledora vigencia de las escenas y el terrible relato de la vigilancia, el control, la censura y los métodos de represión del Estado totalitario que se hacen tan evidentes hoy como entonces. Un texto de profunda sensibilidad de Abel González Melo, con un diseño artístico de hermosa sutileza y transiciones visuales precisas de Dagoberto Rodríguez y técnica de Daniel Martín. Y especialmente las interpretaciones excelentes de Yadier Fernández como Heberto Padilla, de una fuerza que interpelaba con dolor al público para compartir la angustia del personaje; Ginnette Gala, una fragilidad emotiva muy conseguida en el personaje de Belkis, y sobrecogedora, excepcional, de imponente maestría la actuación de Rey Montesinos desdoblada en un omnipresente “el compañero que te atiende”, con pliegues a la historia donde aparece Guillén y otras encarnaciones de los múltiples sujetos que administran el control del Estado sobre los cuerpos de los ciudadanos. Una obra de cruda actualidad tras este domingo triste que ha experimentado un simulacro de democracia, y en momentos en los que el decreto 349 repite la tragedia de la historia para los intelectuales y los artistas en Cuba… Gracias Carmen Hidalgo por la invitación y la coordinación!!!

Suset Sanchez

Cerrar 24/02/19

New York Times: El faro caído: la Revolución cubana y la izquierda latinoamericana

Article

La Revolución cubana ofreció a América Latina una vía efectiva de llegar al poder y un modelo de gobierno que inspiró a las izquierdas del continente. Sin embargo, el reciente referendo constitucional muestra que Cuba aún no está decidida a homologarse con las democracias de la región.

Este es un ensayo de Revolución 60, una serie que examina las seis décadas de la Revolución cubana. La sección reúne a escritores, intelectuales, artistas, protagonistas, disidentes y partidarios de la Revolución para discutir su papel en el desarrollo histórico de América Latina y sus relaciones con Estados Unidos en los últimos sesenta años.

CIUDAD DE MÉXICO — Faro tumbado, una pieza de Los Carpinteros, un colectivo compuesto por dos artistas cubanos, consiste en un faro caído, dispuesto en la mitad de una sala de museo. La torre proyecta una luz brillante que se alarga a ras de suelo.

Esta obra capta con nitidez lo que ha sucedido en la relación entre América Latina y Cuba: el faro cubano ha caído y la luz que antes emanaba de la isla hacia la región ahora empieza a ir en sentido inverso.

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El referendo constitucional del domingo 24 de febrero —el primer ejercicio más o menos democrático de la isla en casi medio siglo— es una muestra de ello: las democracias latinoamericanas (con sus aciertos y limitaciones) empiezan a influir en la pequeña isla del Caribe que durante seis décadas exportó la idea dominante de izquierda en la región.

La Revolución cubana ofreció a América Latina una vía para llegar al poder (la lucha armada) y un modo de enfrentar los graves problemas económicos y sociales de la región (el socialismo). Pero la alternativa cubana se volvió obsoleta muy pronto: con el cambio de siglo, la izquierda latinoamericana comenzó a reducir la influencia cubana a un apoyo retórico o económico en la “lucha contra el bloqueo” de Estados Unidos.

Cuba fue una inspiración para las izquierdas latinoamericanas y la metáfora de la isla como “faro luminoso de la lucha antimperialista” se incrustó en el imaginario durante la Guerra Fría. Pero en la práctica nunca fue un modelo de gobierno ni un modelo constitucional que se replicara en otros países. A sesenta años del triunfo de la Revolución, Cuba se quedó sola. Y es tiempo de que empiece a homologarse de una vez por todas con las democracias de América Latina.

Ese fue uno de los objetivos detrás de las reformas a la constitución cubana (que incorporará 229 artículos), que casi con total seguridad serán refrendadas hoy con la victoria del sí. Con este resultado, la constitución empieza a cambiar y se hace un poco más inclusiva. Pero no cambia lo suficiente ni cambia en lo más importante.

Además de la preservación del partido único y la elección indirecta del jefe del Estado, la nueva constitución reproduce las trabas al crecimiento del sector no estatal de la economía, a la autonomía de la sociedad civil y a los derechos de las comunidades negra, LGBTQI y ambientalista. La cubana sigue siendo una constitución tan distante de los proyectos de izquierda democráticos de América Latina como del socialismo de mercado chino o vietnamita.

Los gobernantes cubanos no se atreven aún a optar plenamente por el camino democrático. Y si no lo hicieron cuando predominaban los gobiernos de izquierda, durante la primera década del siglo XXI, menos lo harán ahora, cuando asciende una nueva derecha en el continente. Una vez más, la trama geopolítica sirve de subterfugio al inmovilismo del poder cubano.

Esta es una mala noticia para Cuba: en vez de caminar hacia la democracia, se resigna a ser un museo de la Guerra Fría, con una constitución anacrónica y un modelo de gobierno que en la práctica nunca funcionó.

Luego de la entrada de los barbudos de la Sierra Maestra en La Habana, en enero de 1959, la isla se convirtió en la evidencia de que un diminuto grupo de revolucionarios era capaz de armar una guerrilla con base social campesina y derrotar una dictadura militar de derecha. Ese modelo tuvo un impacto decisivo en América Latina e intentó replicarse a lo largo del continente.

La juventud de la región, lo mismo bajo dictaduras como las de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana y Miguel Ydígoras Fuentes en Guatemala, o democracias como las de Rómulo Betancourt en Venezuela y Alberto Lleras Camargo en Colombia, adoptó la vía armada por influencia o instrucción de Fidel Castro y Ernesto Guevara, quienes se convirtieron en los jefes definitivos del socialismo continental.

Del Caribe al Cono Sur, de México a los Andes, las izquierdas nacionalistas, populistas o católicas, y algunos partidos comunistas, transitaron a un marxismo guerrillero más antimperialista y descolonizador que prosoviético.

La lista de guerrillas latinoamericanas diseñadas por el equipo del comandante Manuel Piñeiro en La Habana es larga, pero basta mencionar las que el Che Guevara citaba en su famoso “Mensaje a la Tricontinental”: las de Jorge Ricardo Masetti en Argentina; Luis de la Puente Uceda y Guillermo Lobatón en Perú; Turcios Lima, César Montes y Yon Sosa en Guatemala; Camilo Torres y Manuel Marulanda en Colombia; Fabricio Ojeda, Douglas Bravo, Pompeyo Márquez y Américo Martín en Venezuela.

Sin embargo, una historia política más precisa de la influencia del modelo cubano en América Latina arroja que, si bien buena parte de la izquierda siguió la teoría del foco guerrillero, en cuanto llegó al poder no reprodujo el método político cubano: postergación indefinida de elecciones, concentración del poder, alianza con los soviéticos, instauración de un Partido Comunista único, restricción de libertades, fusilamientos, prisión de opositores.

Ninguno de los gobiernos de la izquierda latinoamericana durante la Guerra Fría (João Goulart en Brasil, Salvador Allende en Chile, Juan Velasco Alvarado en Perú o el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua) adoptó el modelo cubano.

Ni siquiera los sandinistas lo hicieron, a pesar de haber derrocado a Anastasio Somoza por medio de una revolución armada en 1979. Incluso desde la organización guerrillera, los sandinistas se apartaron de la experiencia cubana, aunque mantuvieron una colaboración estrechísima con La Habana. El propio Fidel Castro aconsejó a Daniel Ortega y a los líderes nicaragüenses que no siguieran la ruta cubana y optaran por una modalidad más flexible de economía mixta y pluralismo político, como la que se plasmó en la constitución sandinista de 1987.

Mientras Fidel Castro sobrevivía al colapso del socialismo en Europa del Este y a una hostilización desde Estados Unidos, la izquierda latinoamericana, desde la más moderada hasta la más radical, apoyaba a Cuba en el discurso (e incluso económicamente, como el caso de Venezuela). Pero pese a sus afectos hacia La Habana y a los Castro, las izquierdas de la región siguieron las reglas democráticas de sus países. Esa inserción en los sistemas electorales de cada país fue la que permitió la llegada al poder por vías democráticas a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil o Tabaré Vázquez en Uruguay.

Con los gobiernos de la izquierda se repitió la paradoja de la Guerra Fría: todos fueron solidarios con Cuba, amigos y aliados de Fidel y Raúl Castro, pero ninguno, ni siquiera el gobierno de Hugo Chávez en el momento más radical del autoproclamado “socialismo del siglo XXI”, entre 2005 y 2010, reprodujo las pautas institucionales del sistema cubano.

El faro de la Revolución cubana ha colapsado, pero la dirigencia de la isla, ya sin un Castro en el poder, no quiere reconocerlo.

La nueva constitución no incorpora lo mejor del constitucionalismo latinoamericano de izquierda de los últimos años y persiste en un marco jurídico todavía muy endeudado con el modelo soviético. A treinta años de la caída del Muro de Berlín, y en medio del fracaso de sus aliados bolivarianos, Cuba sigue sin ser una democracia constitucional.

 

Cerrar 01/12/18

Carolina Barreda – Emblemas

Curator Text

In the years after the Second World War, life and lifestyle experience the emergence of mass culture. Inventions like the radio in the 20’s and the proliferation of magazines teeming with publicity had prepared audiences for what television would consolidate during the 50’ and 60’. Advertising became the means of shaping and manufacturing not only the needs and desires of society, but also its values and ideas. Consumption, instead of the puritan way of production and handwork, became a cultural identity. And so, a new world of machines made to ease labours, provide comfort and promise happiness prospered in our homes. The idols and ideals of the Western World were manufactured in the creation department of publicity agencies to be worshiped on the TV sets of our living rooms.

 

Yet another ideology, coinciding in time, also claimed the achievements promised by the spiral of progress and History. In opposition with the consumerist myths, the Soviet Union was immersed in the edification of the new society and a new man, led by ideals of social equality and held by the supreme and unquestionable authority of the communist party and the supreme leader.  The new cosmovision had to provide a new language to name this world. Words like enemy, comrade, imperialism, and others, became part of daily press and reconfigured the scenery where these two societies were confronted in cold war. Instead of publicity agencies, now the gods and myths ruling society were created in the headquarters of the communist party and transmitted in the form of propaganda.

 

In this series of artworks, Dagoberto Rodríguez brings together in a gesture of pure irony the essence of the two dominant ideologies of the 20th century and their means of constructing an image of the world. The logos, typography and branding used by American cars in the fifties are merged with the most used words in Fidel Castro’s discourses. The results match disturbingly, the two dominant cosmovision of the world oppose and yet necessarily complement each other. They are unfolded by Rodríguez by reconciling two forms still present today in Cuba, old American cars and Fidel’s words.

 

 

 

Carolina Barreda

 

Cerrar 25/10/18

Sesenta artistas abordan la soledad en la muestra La No Comunidad, en CentroCentro

Press Release

Esta gran exposición de artes plásticas permanecerá abierta al público del 26 de octubre al 27 de enero de 2019

La exposición, comisariada por Blanca de la Torre y Ricardo Ramón Jarne,  reflexiona sobre la idea de comunidad, de esa no comunidad que tiene que ver con la ruptura del vínculo social en la sociedad actual

La celebración de esta muestra se enmarca en un plan pionero del Ayuntamiento de Madrid que quiere combatir la soledad no deseada desde la cultura, la formación y la salud

La exposición La No Comunidad, que permanecerá abierta al público en CentroCentro Cibeles desde el viernes 26 de octubre al 27 de enero de 2019, ofrece una mirada poliédrica a la idea de la soledad y el desarraigo a partir de las obras de casi 60 artistas nacionales e internacionales escogidos por su especial calidad y relación con la temática propuesta. La muestra, comisariada por Blanca de la Torre y Ricardo Ramón Jarne, aborda la soledad desde el cuestionamiento de la idea de comunidad, de esa no comunidad que tiene que ver con la ruptura del vínculo social en la sociedad actual.

La exposición La No Comunidad, que permanecerá abierta al público en CentroCentro Cibeles desde el viernes 26 de octubre al 27 de enero de 2019, ofrece una mirada poliédrica a la idea de la soledad y el desarraigo a partir de las obras de casi 60 artistas nacionales e internacionales escogidos por su especial calidad y relación con la temática propuesta. La muestra, comisariada por Blanca de la Torre y Ricardo Ramón Jarne, aborda la soledad desde el cuestionamiento de la idea de comunidad, de esa no comunidad que tiene que ver con la ruptura del vínculo social en la sociedad actual.

La celebración de esta muestra se enmarca en un plan pionero del Ayuntamiento de Madrid que, bajo el lema ‘Madrid te acompaña’, aborda la lucha contra la soledad no deseada desde la cultura, la formación y la salud.

El recorrido no está planteado de modo lineal, se propone de manera reversible, pudiendo partir desde el Gabinete Central de Espejos y Retratos. El espejo obliga al espectador a formar parte de la exposición y el autorretrato opera como una suerte de espejo creado por el propio artista.

Para la exposición se han seleccionado obras con espejos de destacados artistas como Pilar Albarracín, Rafael Lozano-Hemmer, Mona Hatoum, Jorge Perianes, Mitsuo Miura y Marina Núñez. Estos dialogan en la sala con una serie de retratos y autorretratos de autores como Alberto García-Alix, John Coplans, Miguel Ángel Gaüeca, Jorge Molder, Antonio Saura, Luis Gordillo, Cindy Sherman y Darío Villalba.

Basurama/ Dagoberto Rodríguez, confundador de Los Carpinteros. Refugio contra la soledad. 2018

Obras específicas

El recorrido anterior se pone en diálogo en las diferentes secciones con las obras específicas de artistas a los que se han comisionado obras ex-profeso para la exposición, y que de un modo u otro ofrecen soluciones o miradas alternativas ante esta problemática:

Con un tono humorístico, la propuesta de Eugenio Ampudia toma como base dos de las alternativas comunitarias que más han proliferado en los últimos años: los huertos urbanos, y la adopción de animales de compañía en refugios de animales. Los visitantes pueden disfrutar tanto de las tareas del huerto como de los animales por vía telemática, llevándose a cabo todas las tareas en torno a ellos a través de canales OTT de Internet.

Cristina Lucas realiza su obra deliberadamente en una pequeña sala de tránsito, forzando al espectador a atravesar unas vallas publicitarias con “slogans” seleccionados entre aquellos que han logrado convertirse en algo más que la enunciación de los productos que difunden.  La obra de Lucas busca una llamada de conciencia de la existencia de una soledad asociada al neoliberalismo y económicamente muy rentable.

La Instalación de Concha Jerez reflexiona sobre la soledad del individuo que se desarrolla en privado, con un carácter de sistematicidad, acciones que son reflejo de algunas de sus formas de actuar en el mundo. Estos soliloquios, diseminados en acciones realizadas por la artista y registradas mediante una cámara de vídeo, dialogan con diversos lugares del edifcio de CentroCentro así como con la memoria y el pasado del lugar como edificio de correos.

Fernando Sánchez Castillo propone un homenaje a los emigrantes que han intentado llegar a España,  apelando a la imposibilidad de imaginar su soledad y la incertidumbre en su travesía por el Mare Nostrum. La imagen de la que parte el proyecto es la de un hombre subido en un poste de vigilancia,  oteando un horizonte de vallas, alambradas y sueños colectivos. Sánchez Castillo ha formalizado esta imagen a través de una suerte de “Memorial”, compuesto por una escultura que se repite en 857 pequeñas esculturas iguales, metáfora de la repetición de ese mismo sueño de una vida mejor.

Finalmente en el exterior del edificio, el colectivo Basurama y Dagoberto Rodríguez, cofundador del colectivo Los Carpinteros, colaboran por primera vez en la realización de un “Refugio contra la soledad”. Tomando como base de inspiración la idea de ermita como uno de los iconos del paisaje español,  proponen la construcción de este refugio como lugar de encuentro, íntimo aunque abierto en el que cualquiera puede entrar, dispuesto a ser abordado por cualquiera, para charlar, comentar, lamentarse o reír. Una arquitectura de geometría compleja, inspirada en los aviones espías que logran resultar invisibles para los radares, que recibe al espectador con una atmósfera de sonidos urbanos y de luz inspirada en el atardecer.